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Una Venezuela de primera














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Por Pedro Elias Hernández
















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 “He creído en la izquierda por el bien que prometía;

he aprendido a juzgarla por el daño que ha hecho.

 

 

Desde hace 30 años Venezuela ha sido el paraíso de políticos personalmente exitosos con desempeños públicos desastrosos y de empresarios individualmente prósperos con empresas quebradas e ineficientes. Esta, en buena medida, es la descarnada dimensión del drama nacional. El país requiere con urgencia de un ambicioso proyecto de profundo y amplio aliento que produzca resultados positivos en el corto y mediano plazo. Los venezolanos tenemos tres décadas viendo desfilar los fracasos de una elite política y económica, del puntofijismo y la revolución, que derrochó el legado de quienes construyeron nuestra modernidad desde principios del Siglo XX. Necesitamos con urgencia levantar la golpeada autoestima ciudadana y la maltratada autoconfianza popular con un proyecto nacional que nos conduzca al éxito y nos dé certidumbre de destino. No se trata de lograr algo ajeno a nuestras capacidades o a nuestra historia reciente. En muchos casos, no se trataría ni siquiera de avanzar, bastaría con recuperar lo perdido.

 

HUBO UNA VEZ UN PAÍS DE PRIMERA

 

El feo rostro que nos muestra el fracaso de los últimos 30 años nos hace olvidar que hubo un país de formidable movilidad social, que permitió en pocas décadas que una depauperada familia campesina pasara del conuco a un bloque del Banco Obrero y de allí a un apartamento de propiedad horizontal. Existió no hace mucho una nación en donde un iletrado, no sólo se alfabetizaba, sino que podía ver a su hijo graduarse en la universidad o donde una persona humilde podía soñar con ver a un descendiente suyo egresar de la academia militar Tuvimos una nación que en dos décadas pasó de ser un rincón olvidado del planeta al primer exportador de petróleo del mundo. Que tuvo la única moneda que no se devalúo significativamente durante casi 100 años, donde la inflación era un dato desconocido, que sus líderes políticos, empresariales y culturales salían de la enseñanza pública, que tuvo una época con crecimiento económico sostenido, superior al del milagro alemán, con un Instituto de los Seguros Sociales que era ejemplo de América Latina y en donde el salario mínimo alcanzaba para mucho más que comer. Un país con suficientes jueces y fiscales para administrar y dispensar justicia oportuna y donde un policía de punto nos garantizaba transitar y dormir tranquilos. Venezuela fue un país de primera, con dirigentes de primera y con instituciones de primera. Ese país lo perdimos, nos lo quitaron y no los siguen quitando, pero es posible recuperarlo.

 

LOGRAR UN PAÍS DE PRIMERA ¿REVOLUCIÓN O DEVOLUCIÓN?

 

¿Qué y quién nos oprime?. Sin duda un sector político y económico rapaz, que desde hace años, y también ahora, colonizó los poderes públicos y que prevalido del poder del Estado, ha concentrado y sigue concentrando para sí toda la riqueza nacional administrando en nuestro nombre todos los activos económicos de la República para provecho de sus economías privadas. Venezuela debe alinearse en torno a un nuevo y vasto consenso nacional alternativo que permita identificar la real divisoria del país. Por un lado existe una porción insignificante, que con y sin uniforme, ejercita el abuso, detenta los privilegios, y que a través del usufructo de la renta petrolera, cabe cómodamente en el presupuesto nacional. Por otro lado, hay una amplísima mayoría integrada por millones de compatriotas que son víctimas del abuso, no tienen privilegios, ni los solicitan y que nunca cabrá sustentablemente en el presupuesto ya que apenas si se ha enterado de la existencia de esa riqueza petrolera. En este lado hay gente de arriba y de abajo, de izquierda, de centro y de derecha, ricos y pobres, blancos, negros, indios, zambos y mulatos, pro-oficialistas y antioficialistas, ciudadanos con uniforme y sin él. Esos son los que desean una Venezuela de primera, en donde la nacionalidad, la ciudadanía, la justicia y la posibilidad de prosperar alcance para todos.

 

En Venezuela no hace falta una revolución, sino una devolución sostenida y efectiva de lo mucho que nos ha quitado la rapacidad de unos pocos. Hay que devolverle a la gente la fortaleza de su moneda, la posibilidad de ahorrar y la preservación de sus ahorros, el poder adquisitivo de sus ingresos, sus empleos productivos, su seguridad jurídica, personal y social junto con su derecho a elegir libremente la mejor manera de educarse y ganarse lícitamente la vida para ser útil a la Patria. Esto se logra luchando por un sistema político y económico sustentado en principios modernos, donde los activos públicos sean verdaderamente de los ciudadanos y éstos puedan ser conducidos hacia beneficios tanto individuales como solidarios a través de mecanismos de libre selección, sin la arrogante intermediación gubernamental que confisca los bienes que son de todos, en nombre del pueblo.

 

LOS PRINCIPIOS DE UNA SOCIEDAD DE PRIMERA

 

Compartimos los siguientes principios generales enmarcados en la más profunda tradición de la Patria y nuestros próceres libertadores. También, en el magnífico legado que nos aporta la sabiduría de la civilización occidental, a saber:

 

- Libertad.

 

- Igualdad de oportunidades.

 

- Estado tutelado y gobierno limitado.

 

- Soberanía económica individual.

 

- Imperio de la Ley.

 

- Democracia como sistema político para la resolución de los conflictos.

 

- Orden republicano entendido como lo que es: Sistema de poderes públicos autónomos.

 

- Tolerancia y respeto a las minorías.

 

- Descentralización política y económica.

 

Queremos esto, nada menos y nada más.
















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