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¿Hay realmente dos izquierdas o es que no toda cabe junta en el presupuesto?














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Por Pedro Elias Hernández
















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Si la gente conociera la historia real del socialismo y los defectos de su teoría, pocos serían socialistas. Pero la mayoría de la gente desconoce los desastres del socialismo porque los académicos y gran parte de los medios de comunicación se han dedicado a ocultarlos. 

 

Si uno, a finales de la década de los '70 y principios de los '80 se metía en un botiquín de pueblo en alguna recóndita localidad interiorana de Venezuela, se encontraría seguramente con una rockola que contendría temas de Felipe Pirela, Julio Jaramillo, Pedro Infante, Juan Vicente Torrealba y de El Carrao de Palmarito. Pero en esa misma estridente caja musical, muy seguramente también encontraría una canción de Alí Primera. Tal cosa hacía fácil sospechar que los mensajes contenidos en los temas del cantautor paraguanero, llegarían algún día muy lejos en la vida y en la política venezolanas. Este fenómeno, por cierto, fue lúcidamente identificado por Teodoro Petkoff en un importante ensayo suyo editado a mediados de los años 70 y titulado "Proceso a la Izquierda". Allí el fundador del MAS decía entre otras cosas, que Alí Primera había logrado sacar del ghetto en que se encontraba a una parte de la izquierda venezolana (por supuesto que se refería al partido naranja, del cual era fundador y mentor). La admiración de los masistas por el cantante duró hasta que se produjo el rompimiento de éste con Petkoff y la tolda del puño.

 

Antonio Gramsci, ese formidable intelectual y filósofo italiano de corriente marxista, llamó la atención de forma preclara sobre la importancia de destacar la superioridad moral e intelectual de la revolución proletaria, por lo que a su juicio la toma del poder cultural precedía y era más importante que la toma del poder político. En esos mismos años, durante las primeras décadas del Siglo XX, precisamente antes del ascenso del fascismo en Europa, la Escuela de Frankfurt, de la mano de pensadores marxistas como Herbert Marcuse, Theodoro Adorno y Max Horkheimer. Acuñaron el término de "industria cultural", con lo cual describían y caracterizaban toda la maquinaria ideológica que representaban los medios de comunicación social de la época, radio, cine, libros, prensa y arte, como un instrumento formidable de dominación a través de la siembra de valores, conceptos y visiones del mundo en la conciencia de las personas.

 

La toma del poder cultural, tal y como lo formulara Gramsci, se produjo sistemáticamente por parte de la izquierda venezolana desde hace bastantes décadas. La colonización de las universidades públicas, las escuelas de comunicación social, de los centros de investigación, de la literatura y las peñas intelectuales, junto con la actividad cinematográfica, fueron tomadas por asalto por el pensamiento marxista, desde sus corrientes más radicales, hasta las más ligh. Pero el arma más poderosa, sin duda fue la producción de los contenidos para las novelas de televisión, un género inventado en la Cuba prefidelista, pero que la izquierda venezolana supo capturar con el apoyo y la complacencia de Gustavo Cisneros y Marcel Granier.

 

A pesar del fracaso político de las organizaciones de corte socialista durante muchos años en Venezuela, no obstante, en lo que se refiere a su penetración ideológica, lograron enormes progresos. En cierto sentido, a la luz de sus logros, se puede decir que buena parte de la izquierda venezolana fue fundamentalmente una izquierda grasciana.

 

Con el desarrollo del género de la "telenovela cultural", una invención netamente venezolana se logró enseñorear la cosmogonía de la izquierda política marxista en la mente de millones de venezolanos. Si la tremendamente eficaz forma de crear modelajes y exteriotipos que permiten las telenovelas se pusieron en manos de conspicuos intelectuales de tendencia izquierdista como José Ignacio Cabrujas (la Señora de Cárdenas), Ibsen Martínez ("Por estas Calles"), Julio César Mármol ("La Dueña"), Román Chalbaud ("La Hija de Juana Peña"), entre otros, lo más seguro es que las toneladas de ideología que en horario estelar se lanzaban a los segmentos populares del país, tenían que finalmente tener un impacto y un éxito significativo para abonarle el terreno a la aparición del primer gran ensayo político neocomunista que se está operando en el mundo, luego de la caída del muro de Berlín y el fracaso de la Unión Soviética, precisamente aquí, en Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez.

 

La izquierda venezolana tomó primero el poder cultural del país. Solo faltaba esperar pacientemente a que apareciera el líder adecuado en el momento adecuado. Eso ocurrió con el levantamiento militar del 4 de febrero de 1992. La colonización de los ámbitos del conocimiento y del mundo intelectual por parte del pensamiento de izquierda, no tardaron en permear a la Fuerza Armada Nacional. De esos polvos vienen estos lodos. Sin embargo es necesario destacar que resulta por lo menos algo curioso que toda esa exitosa siembra ideológica tesoneramente realizada durante décadas, no haya podido ser capitalizada electoralmente por partidos como el MAS o el MIR. Sólo La Causa R logró darle expresión política en su momento a la expansión del fenómeno chavista, mientras su líder natural estaba tras las rejas. Pero esto fue pasajero.

 

Un amigo, Alberto Mansueti, una vez me dijo que la izquierda en Venezuela era tan vasta, que no toda ella podía medrar al mismo tiempo del gobierno, ya no cabían todos en el presupuesto. Algo parecido ocurre ahora, lo cual en buena medida explica el rotundo fracaso de la llamada Coordinadora Democrática, la cual, no representaba otra cosa que esa parte de la izquierda nacional que no encontraba acomodo en la nómina del Estado.

 

El libro "Dos izquierdas", de Teodoro Petkoff, de reciente y exitosa publicación, no es otra cosa que la expresión del tardío lamento de una izquierda política que no pudo sustraerse durante los años 70 y 80 de la descomposición social y ética que estremeció al país, como consecuencia de los dos períodos de bonanza petrolera que vivió el Venezuela; a saber: el período de 1974 y el de 1979. Recordemos como perla, aquella consigna del MAS durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, que llamó a "acompañar al pueblo en su experiencia", abdicando así de su función como conciencia crítica del desmadre nacional que inició el caudillo de Rubio. Luego vino lo del "cheque en blanco" que a requerimiento público de Caldera, el MAS, junto a Petkoff, Pompeyo, Freddy Muñoz y compañía, le firmaron al líder del "chiripero" para poder acompañarlo en su trinfante campaña presidencial del año 93. Por último, el apoyo a Chávez en el '98 y en el 2000, por parte de la tolda naranja fue tan oportunista como todas sus anteriores.

 

Ahora es difícil que pueda posicionarse como una alternativa, algo que pueda ser encarnado por ese pensamiento de izquierda que hoy capitaliza casi monopólicamente Hugo Chávez. Para enfrentar este aluvión ideológico que penetró como una tromba en la cultura nacional y se instaló hasta en el ADN de una enorme porción de venezolanos, hay que sin duda lanzar una contracultura, un modelo civilizatorio que antagonice con el que encarna Chávez. Cualquiera otra cosa que trate de rivalizar con él, que tenga algún tufillo izquierdista, tropezará muy posiblemente con una granítica pared y estará condenada al fracaso.

 

La izquierda venezolana y fundamentalmente Petkoff y el MAS, pudieron penetrar los medios culturales del país para posicionar su visión del mundo. Sin embargo hay que admitir que a pesar de un esfuerzo de casi 40 años de prédica ideológica, Teodoro Petkoff no pudo nunca colocar en la agenda pública nacional el tema del socialismo, pero bastó una sola mención de Chávez durante un Aló Presidente, para que el tema tomara cuerpo popular y dilematizara nuevamente al país con su enigmático socialismo del Siglo XXI. ¡Qué broma Teodoro!

 

¿Hay realmente dos izquierdas en Venezuela, o se trata sólo de una idea de contrabando que trata de colarnos el señor Petkoff? Sin duda, en Latinoamérica, hay dos visiones distintas que separan a los sectores políticos que profesan el ideario del socialismo. Nadie duda las distancias siderales que existen entre un Ricardo Lagos y los piqueteros argentinos, entre el líder cocalero Evo Morales y el frente amplio uruguayo del presidente Tabaré Vásquez, entre Lula y el movimiento Los Sin Tierra, entre los zapatistas del Subcomandante Marcos y el PRD mexicano, entre el Bloque Democrático colombiano y la FARC. Pero en Venezuela hay una sola y única izquierda, lo que pasa es que, como dijimos antes, no toda cabe junta en el presupuesto.
















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