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NICOMEDES ZULOAGA














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Por Luis Henrique Ball Zuloaga
















En un país que ha sido secuestrado por una pandilla de malhechores y canallas genuflexos ante la amoralidad del dogma marxista que recita a diario “el líder”, es difícil recordar que una vez en Venezuela existieron hombres para quienes el honor representaba el valor más importante en la conducta humana. A estos venezolanos no les llamaba la atención la acumulación de riquezas, tampoco la obtención de cargos o condecoraciones, y mucho menos el poder político. Su actividad se centraba en los principios que han hecho avanzar a la civilización occidental durante dos mil años: Servir a su patria, preservar la familia y defender a los más débiles. Nicomedes Zuloaga Mosquera fue uno de los últimos representantes de esa estirpe de hombres criollos, hoy prácticamente extintos.

 

Hijo y nieto de abogados consideraba ese legado una obligación, graduándose de la UCV “Summa Cum Laude”.Ejerció el derecho, pero centró sus energías en el desarrollo del país. Su actividad empresarial es conocida por muchos compatriotas. Fue uno de los pioneros de la aviación civil en Venezuela, y su interés en ese campo lo llevaron a fundar una empresa tremendamente exitosa a la cual se debe la mayor parte del parque aéreo venezolano. Fundó una de las primeras y más exitosas empresas publicitarias del país. Fue un ganadero activo y entusiasta, y con su curiosidad y energía características, trabajó para mejorar los pastos nacionales. Incursionó además, y casi siempre con mucho éxito en la construcción, la banca, la agro-industria y muchas otras actividades. En todas las áreas fue un precursor y en todas sorprendió por sus ideas siempre revolucionarias en su campo.

 

Para otros hombres, esta febril actividad empresarial hubiera sido suficiente. Para “Nico” las empresas no fueron nunca más que un mecanismo para encausar su inagotable energía y sus portentosas dotes creativas. Su verdadero interés era el desarrollo de Venezuela. Colaboró con innumerables causas, muchas caritativas, otras de índole social. Los grandes esfuerzos de su vida, sin embargo, estuvieron centrados en las ideas de la libertad. Fue uno de los grandes promotores de la candidatura presidencial de Arturo Uslar Pietri y ejerció el cargo de diputado en el antiguo Congreso Nacional, desde donde ejerció enérgicamente la defensa de la libertad individual y la libertad económica. Fundó el extinto diario “La Verdad” para defender esos principios y durante años mantuvo una línea editorial que le costó no solo la enemistad de políticos intervencionistas sino también de muchos empresarios, de esos que siempre han vivido del compadrazgo y los subsidios que logran obtener a cuesta de los intereses nacionales.

Fundó también, con Joaquín Sánchez Covisa, la revista “Orientación Económica” para difundir las ideas del liberalismo en el mundo intelectual y académico.

 

Por sus múltiples actividades, “Nico” tuvo la oportunidad de codearse, como pocos venezolanos lo han hecho, con algunos de los personajes más importantes del planeta. Mantenía una estrecha relación de amistad, y una voluminosa correspondencia, con Presidentes, líderes políticos, académicos e intelectuales, incluyendo varios ganadores del Premio Nobel. Pero su gran pasión era el pueblo venezolano. Prefería comerse un carite en el más humilde restaurante margariteño a cenar en el más renombrado establecimiento caraqueño o parisino. En sus empresas trataba con aprecio y consideración hasta al más humilde de los empleados, produciendo entre sus colaboradores una feroz lealtad hacia su persona. Admiraba y disfrutaba de la “chispa” criolla. Amaba el llano y le entusiasmaba la compañía de los llaneros en su hato del Guarico. Era un hombre sencillo y sin tapujos. No necesitaba darse aires y hablar lento y pausado para hacerse respetar, como es la costumbre hoy de muchos que buscan adulación. Su evidente inteligencia, su vasta cultura y su caballerosidad no admitían posturas presuntuosas. En un país donde se ha puesto de moda no decir claramente lo que se piensa, “Nico” hablaba siempre “claro y raspado”. Los mediocres a su alrededor siempre se sentían ofendidos ya que él no les permitía cobijarse en posturas y palabrería.

 

Confiaba en los hombres y en todas sus actividades intentó delegar al máximo en quienes le probaban ser competentes. Fue traicionado una y otra vez por socios y amigos, pero nunca cambió su estilo. No era rencoroso y perdonó a todos a quienes le pidieron el perdón. Tenía un estricto código de conducta, pero jamás reprochó a nadie actuar de forma distinta. Por su amistad con líderes políticos fue difamado y su nombre unido a muchos que se acercaron al poder para obtener favores y prebendas. Nicomedes Zuloaga jamás le pidió nada a nadie para beneficio personal. Acumular más dinero no le interesaba. Le bastaba con lo que él mismo generaba con su actividad diaria.

 

Al igual que sus antepasados quienes llevaron su mismo nombre, fue perseguido y encarcelado por una de las bandas de truhanes que cada cierto tiempo logra obtener el poder político nuestro país. Su bisabuelo Nicomedes Zuloaga Aguirre, Gobernador de Caracas a mediados del siglo XIX, sufrió la destrucción de sus propiedades a manos de bandas armadas que respaldaban al gobernante de turno, falleciendo en condiciones casi de indigencia. Su abuelo, Nicomedes Zuloaga Tovar, probablemente el más ilustre jurista de su generación, fue encarcelado en “La Rotunda” por Juan Vicente Gómez, de donde salió para morir al poco tiempo. Su padre, Nicomedes Zuloaga Ramírez, también eminente jurista y connotado empresario, sufrió el exilio durante más de un lustro, igualmente por órdenes de Gómez. Cuando en 1989 un mequetrefe canalla logró obtener el cargo de juez y fue utilizado por sus enemigos para deshonrarlo, prefirió entregarse y sufrir la humillación de largos meses de presidio antes que mancillar el nombre de sus ilustres antepasados.

 

Ese fue Nicomedes Zuloaga Mosquera. Un venezolano de pura cepa, producto de una tradición familiar de trescientos años en nuestra patria. Nicomedes falleció sin perder su optimismo por Venezuela, ya que él estaba convencido que Marx estaba equivocado. No es posible eliminar el núcleo familiar. Haga lo que haga la actual pandilla que hoy detenta el poder, nuestra sociedad seguirá su curso dentro de la orbita cristiana occidental. Dentro de un siglo nadie recordará “el proceso” pero un joven llamado Nicomedes Zuloaga dedicará sus energías al trabajo por su país.
















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