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Verdaderas ideas bolivarianas: Del fin de la esclavitud a la democratización de la propiedad













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Por Pedro Elías Hernández
















El 24 de marzo pasado se cumplieron 150 años de la declaración de la libertad de los esclavos decretada por el Presidente de Venezuela para entonces, José Gregorio Monagas.

La liberación de la mano de obra esclava tiene una interesante historia en Venezuela. La Constitución de Cúcuta de 1821 establece la creación del sistema de manumisión, el cual permitía la liberación de los esclavos al cumplir éstos la edad de 21 años. Luego, una Ley de manumisión creada años después, estableció la liberación de los jóvenes esclavos a la edad de 18 años.

Ya para 1854, cuando José Gregorio Monagas decretó el fin del sistema esclavista, se habían liberado miles de negros esclavos. El decreto, pues, sólo vino a legitimar de derecho lo que ya era una realidad de hecho.

Pero en honor a la verdad el padre de la liberación de los esclavos fue Simón Bolívar. El 6 de julio 1816 llega a la población costeña de Ocumare ,en su Primera Expedición de los Cayos, y formula una famosa proclama que según recoge el historiador Pedro Modesto Bolívar en su libro "Bolívar y la reforma del Estado", El Libertador, de su puño y letra, escribió lo siguiente: "Esa porción desgraciada de nuestros hermanos que han gemido bajo las miserias de la esclavitud ya es libre".

Naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos, de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos.

Bolívar venía de ver perder la Primera República en 1812 y luego la Segunda República en 1814. La insurrección popular de ese trepidante año, liderada por el "terrible asturiano" José Tomás Boves, abatió a la causa patriota. Millares de indios, pardos y negros esclavos se incorporaron a las huestes realistas cabalgando al lado del "taita", ese pulpero que salió de Calabozo y pasó por las armas a buena parte de la mantuanería venezolana de la época.

"La revolución democrática de 1814", tal y como la define el historiador Juan Uslar Pietri, se disipó finalmente de la misma forma como surgió. Una lanza patriota acabó en Urica con la vida de Boves y los llaneros, indios, pardos y negros esclavos que adoraban al asturiano no pudieron recuperarse de su muerte. Aquellas masas semidesnudas y preteridas que sembraron el terror entre los patriotas, se desintegraron. Ese fabuloso ejército se desmovilizó y simplemente desapareció.

La lección fue aprendida por El Libertador. Llegó de su exilio en Jamaica y Haití y le dio contenido social a la causa independentista. Tal vez caviló en su fuero interno que con la independencia sólo no comen los pueblos. Bolívar les dio la propiedad de sus vidas a los esclavos, los convirtió en soberanos y dueños de su destino. Pero el Padre de la Patria no se quedó allí. En 1917, apenas un año después de liberar a los esclavos, Bolívar decreta en Santo Tomás de Guayana la Ley de Repartición de Bienes Nacionales, la cual establecía lo siguiente: "todos los bienes raíces o inmuebles, que con arreglo al citado decreto y reglamento se han secuestrado y confiscado o deban secuestrarse o confiscarse y no se hayan enajenado y puedan enajenarse en beneficio del erario nacional, serán repartidos y adjudicados a los generales, fejes, oficiales y soldados de la República en los términos que abajo se expresan". ( fin de la cita).

Ya hacia el final de sus días, en octubre de 1829 en Quito, formula el famoso decreto sobre Minas que en su artículo primero establecía: "Conforme a las leyes, las minas de cualquiera clase corresponden a la República, cuyo gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidan bajo las condiciones expresas en las leyes y ordenanzas de minas y con todas las demás que contiene este decreto".

Como vemos, la causa de la independencia requirió de algo más que del puro amor a la idea de la emancipación del imperio español. Necesitó de contenido social. Bolívar entendió que había que convertir a los ciudadanos en propietarios de su vida, y liberó a los esclavos; comprendió que había que convertir al pueblo en dueño efectivo de la tierra ,por lo que repartió las propiedades agrícolas entre los miembros de su ejército; igual cosa hizo con la riqueza del subsuelo, por lo que liberalizó la propiedad de las minas. Un concepto de inclusión social que podría ponerse en práctica, aquí y ahora, de manera efectiva y no retórica, si convertimos a los venezolanos en auténticos propietarios de la riqueza petrolera.

La democratización de la propiedad sigue siendo una sentida aspiración de nuestra población en la Venezuela del Siglo XXI, tal y como lo fue desde el Siglo XIX.
















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