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Ante el neo-comunismo: 14 errores fatales de la dirigencia opositora














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Por Alberto Mansueti
















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ADVERTENCIA: contiene material no apto para intolerantes de uno y otro bando.

¿Hubo fraude …? Puede ser, pero ello no haría menos cierto que …

1. Como siempre, ganó la abstención. De 14.037.900 electores inscritos, votaron sólo 8.502.114. Eso nos deja 5 y medio millones de venezolanos sin votar -¿no es una mayoría?-; y el “No” se atribuye menos de 5 millones ... el segundo puesto. No es cierto que “todo el pueblo acudió masivamente a votar.”

2. El problema de Venezuela no es sólo Chávez sino el estatismo, muy anterior al “Comandante”. Es un país estatista en cultura, leyes e instituciones, porque socialista es la ideología predominante, y más moderado o menos, el socialismo ha inspirado las políticas públicas desde aproximadamente 1928, de manera cada vez más “progresiva” y casi sin retrocesos. El colapso terminal del estatismo -desempleo, ingresos insuficientes, pauperismo-, provocó el descontento que llevó a Chávez al poder en 1998, cuando desorientado por guías ciegos, y creyendose víctima de la corrupción y del “neoliberalismo”, el pueblo en su mayoría erró el diagnóstico y la receta, y votó por Chávez (y hasta varias veces).

3. La corrupción es simple consecuencia del estatismo, que es lo diametralmente opuesto al liberalismo. Pero las poquísimas voces auténticamente liberales y críticas del estatismo socialista como sistema fuimos siempre silenciadas por los “poderes fácticos” académicos, políticos, empresariales, prensa, etc.

4. En los ’90 no hubo liberalismo. El segundo gobierno del Sr. Pérez al menos intentó resolver los problemas reales, si bien con soluciones falsas, que nada tenían de liberales. No es liberal reemplazar la inflación con impuestos y las empresas estatales con agencias reguladoras, incrementando tanto los impuestos como las regulaciones. Ni sustituir los aranceles con derechos antidumping y los subsidios con “drawbacks”. No es liberal incrementar el gasto fiscal -y el tamaño y facultades del Estado-, ni alimentarlo con endeudamiento externo. Tampoco lo es mantener el control estatal de la educación y la práctica médica. ¿Qué pasó en los ’90? Simple: se cambiaron unas formas de intervencionismo y dirigismo estatal por otras, y unas maneras de financiarlas por otras.

5. Pero la oposición no discute políticas públicas. El debate sobre los ’90 está pendiente, en el marco de una discusión más general sobre las políticas y sus contextos ideológicos. Mas la actual dirigencia opositora no quiere hablar ni oír hablar de otra cosa que no sea: a) marchas y concentraciones; b) supuestas o reales agresiones personales del oficialismo; y c) máquinas y boletas electorales. Y en todo caso, d) hechos de corrupción -también supuestos o reales- achacables a personeros oficialistas. Así va para seis años que los jefes opositores cotidianamente nos dicen “Chávez ya se va”; y no se ha ido. En su inefectividad, los antichavistas se parecen mucho a sus primos, los anticastristas.

Chávez habla de lo que le viene en gana -hasta la saciedad- sin respuesta de la oposición, obsesivamente concentrada en temas adjetivos. Cuando Chávez dice que carece de interlocutores válidos en la oposición, en ese punto está muy en lo cierto. Además Chávez tiene aterrorizados a sus opositores con el remoquete de “neoliberalismo”; a todos ellos les aterra y horroriza ser acusados de “neoliberales”, y es de suponer que esa es una de las razones por las cuales guardan el más absoluto silencio sobre todos los temas económicos y políticos sustantivos, nacionales e internacionales.

6. El Gobierno es de izquierda, y la oposición también. O sea: vivimos el peor de los mundos. Constantemente repite la oposición que Chávez no es “verdaderamente” de izquierda, y que “esto no es una revolución”; con lo cual pretende salvar el honor de las izquierdas, y del socialismo como “noble y elevado ideal”. Análogamente, todas las izquierdas llevan décadas despotricando contra la democracia “puramente representativa” -a la que llaman “seudodemocracia”-; y hoy las izquierdas que hoy están circunstancialmente en la oposición se rasgan las vestiduras ¡porque el actual gobierno ha puesto en práctica lo que todas ellas tantas veces demandaron y exigieron!

Así se le escamotea a la opinión pública la posibilidad de contrastar el socialismo con el capitalismo, que es el rumbo que debería tomar la discusión pública, ¿o no?

7. La oficial es una izquierda “modernizada”; la opositora es algo más retrasada. La primera es más joven en edad, y más actualizada con la agenda posmoderna y New Age: ecologismo, indigenismo, “género”, concepto extenso de derechos humanos, y todas las modas ideológicas que tienen su origen en las Agencias de la ONU y la Unión Europea, y la industria fílmica del Primer Mundo ...

8. … y además, los puestos estatales no alcanzan para todos. Y por eso hay tanto izquierdista en la oposición; en Venezuela ellos son mayoría superhegemónica, y las posiciones estatales, aún siendo abundantes, simplemente no son suficientes -en número e importancia-, para tantas ambiciones.

9. Es falso que ser mayoría implique tener la razón. Pero en nuestro país se ha llegado al extremo de la demolatría, el endiosamiento y adoración del “demos”, el pueblo. Se cree que el pueblo jamás se equivoca, y en una cierta doctrina de la infalibilidad de la mayoría, cuando habla “ex cathedra sobre cuestiones de Gobierno y economía”, por parafrasear una fórmula conocida, con el debido respeto por la Silla Pontificia. No se habla de otra cosa que de “Nosotros somos mayoría y Uds. minoría”, y las maneras de demostrarlo (principalmente con “videos”). Así la conciencia política se ha degradado mucho, y el conocimiento de la gente sobre la materia se empobreció enormemente.

10. La demagogia ha tomado una nueva y perversa forma. Prometer al pueblo lo irrealizable es la vieja forma, y subsiste. La nueva es más cónsona con el sentido primitivo del concepto de demagogia: “halagar” al pueblo. Se halaga a alguien cuando se quiere sacarle algo, ¿verdad? Pues así es que tantos políticos -que viven de nosotros- nos repiten que somos un pueblo “maduro”, “adulto”, “estoico”, “noble”, “resistente”, que “ha avanzado, ha progresado”, y que somos “ejemplo para el mundo” … y cuanto crea que puede acarrearle popularidad. (“Tú vales oro”, dice un canal de TV …) Pero, ¿quién va a decirle a la gente ciertas verdades que debe saber, aunque tal vez no quiera escuchar? (Por ej., sobre economía de mercado, socialismo y capitalismo.) Con sus halagos desmedidos, los políticos -oficialistas y opositores- poco contribuyen a nuestra maduración, y mucho a nuestra infantilización. Ingenuos nosotros si les creemos semejantes edulcoraciones.

11. Los partidismos reemplazan a los análisis. ¿Hay artículos de opinión y “programas de opinión”? Demasiados, pero faltan opiniones objetivas; hay puro sesgo, de lado y lado, posiciones prefabricadas, “argumentos” falaces, descabellados y hasta ridículos (risibles), predestinados a justificar de antemano la posición tomada y conocida por el lector, televidente o radioescucha. Aburre este tipo de “opiniones” harto predecibles. Y peor: la posición que alegan y pretenden justificar, no es en absoluto sobre algún tema de de fondo o sustantivo; por lo común tiene que ver con esa monótona y cansona cantinela de “Nosotros somos mayoría y Uds. minoría” o “nosotros ganamos y Uds. perdieron”. El chisme y el insulto caracterizan lo que debería ser un duelo político, y es apenas como una pelea de botiquín.

12. Los sentimentalismos sustituyen a los razonamientos. La emoción predomina ampliamente sobre la razón, que tiende a desaparecer. Vivimos en el reino de lo lacrimógeno-melodramático, lo emotivo. Y de sentimientos como p. ej. la rabia. Uno ve a supuestos filósofos (o profesores de Filosofía, que no es lo mismo) rabiando desencajado ante las cámaras, histéricos, cuando lo propio de los intelectuales y pensadores es más la reflexión que la indignación. Y por todas partes vemos pensamiento “positivo” en lugar de objetivo; y “fe” ciega en lugar de consideraciones racionales. (La verdadera fe es otra cosa, no es ciega; es una confianza basada en un testimonio, en lugar de una evidencia directa, que al menos de momento no es posible tener.)

13. Los medios dominan, y todos mienten. Mucho tiene que ver en la sentimentalización de la vida pública una prensa electrónica (radio y TV) hecha de pura imagen y sensacionalismo -¿será que la sangre y el escándalo venden más que las ideas y las argumentaciones?-, que ha tomado partido abiertamente, y a todo lo cual se ha arrastrado también a la prensa escrita. El irracionalismo campea.

Una muestra muy evidente del predominio de los sentimientos -sin control de la razón-, es que cambian caprichosamente de un extremo a otro en un momento: en este instante estamos eufóricos, en el siguiente deprimidos, o al revés. Y a quien ayer aplaudimos y amamos hoy vituperamos y odiamos, porque no hace o dice exactamente lo que queremos que haga o diga; ayer era héroe, hoy villano. O viceversa. Otra cosa: ya nadie dice “Yo pienso”; ahora se dice “Yo siento”. Y digamoslo: el irracionalismo es muy grave porque es principal ingrediente y causa de violencia. Más violencia nos espera a los venezolanos a menos que retomemos la vieja costumbre de pensar.

14. Su majestad el activismo impera, en el Gobierno pero sobre todo en la oposición. El activismo es expresión del voluntarismo, o esperanza irracional en el puro poder de la voluntad, con independencia de la naturaleza de las cosas, sus principios y leyes. El activismo es vicio que forma parte del “paquete” posmoderno y New Age. Y aqueja tanto al Gobierno como a la oposición: el primero insiste tercamente en el socialismo; la segunda insiste más tercamente en sacar a Chávez del Gobierno sin discutir con él, sin contrastar sus políticas socialistas con otras políticas, digamos, no socialistas (para no decir “capitalistas”, mala y obscena palabra para la oposición) ...

15. … la oposición pretende vencer sin convencer; pero, ¿no es ese es uno de los pecados de los cuales acusa a Chávez? Pero la verdad es que si Chávez habla hasta por los codos de todo asunto que le viene a la mente, es porque a su modo pretende convencernos, lo logre o no.

16. El lenguaje está “deconstruido”, o sea destrozado. El uso del lenguaje es puramente retórico, destinado a conmover y a excitar los sentimientos, no importa si malos o buenos (y se supone que no hay sentimientos malos, todos son buenos a fuer de “auténticos”; pero este es otro tema). Plagado de los crípticos clichés posmodernos, el lenguaje no describe, no propone ni enuncia; la semántica importa poco, y mucho menos la sintaxis; y se habla cada vez más a los gritos. Un ejemplo: ya desde mucho antes de Chávez todo el mundo gesticula y pide a gritos “un cambio”; pero sin preocuparse en lo más mínimo en enumerar y describir lo más exactamente posible qué cosas quiere cambiar por cuales otras, mucho menos por cuales razones.

Y las categorías del lenguaje ya no se corresponden con las categorías de la realidad (y aquí sí que me paro, ¡porque ese sí es otro tema, y qué tema …!)
















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